Enseñale al niño a encontrar su propia paz

niño orando

Hay un lugar interior que todos deberíamos reconocer y conservar, un espacio de paz y quietud, que pueda ofrecernos el sentimiento de estar bien y seguros, pese a lo que afuera acontezca.

Todos debiéramos poder encontrar en nuestro interior un cuenco de paz, en el cual poder refugiarnos. Sin embargo, cuando atravesamos momentos difíciles, en vez de hallar calma y quietud, lo que a menudo se siente es un gran vacío. Un angustioso e intolerable vacío, del que desesperadamente se quiere huir.

Este refugio, que todos buscamos, debió construirse en la infancia, con el cuidado y asertiva compañía del entorno cercano. Pero, si carecimos de esto, o al contrario, si lo que había afuera era mayor caos y desamparo, dicha obra no pudo llevarse a cabo.

Hoy en día estamos ante niños que reaccionan desmedidamente ante todo. Lo que les ocurre, los afecta y altera con facilidad. Son vulnerables a cualquier estímulo, tienen muy baja tolerancia y paciencia; son reactivos e impulsivos.

Carecen de calma, no tienen lugar interior al cual acudir en busca de tranquilidad. Todo impacta en ellos, quitándoles el equilibrio fácilmente.

¿Qué ha ocurrido con estos niños?, ¿qué necesitan de sus padres, y de todo aquel que se presente como su guía?

No es lo que haces, sino cómo lo haces

El niño nace con la conciencia de que el mundo es bueno; y en las experiencias de malestar, de dolor o incomodidad física o anímica, espera que la actitud del adulto le confirme que efectivamente es así.

Si ante las dificultades se encuentra con impaciencia, intolerancia, agresividad, emociones alteradas, o indiferencia, este cuenco de paz, en vez de crecer y solidificarse, se irá debilitando, o incluso, derrumbando.

El entorno, sus padres y referentes cercanos son quienes pueden indicarle el camino a la calma y regreso a si mismo. A través del cuidado consciente, la paciencia, entrega y quietud del adulto, se genera en el niño un espacio de recogimiento, calma y amparo. Pero, cuando hablamos de cuidado muchas veces olvidamos las sutilezas, siendo estas las que más afectan a la vida anímica del niño.

Lo que construye la paz, es la propia paz que acompaña cada acto nuestro.

El ritmo de nuestra respiración, la cálida mirada, el gesto de una mano, la serenidad de nuestra voz o la distensión del rostro, es lo primero que se capta. Más allá de las palabras, el niño está en lo minúsculo, simple y sencillamente, porque solo aprende de lo que es verdadero.

No será lo que hagamos, sino la manera en que sea hecho. Con qué predisposición, entrega, dedicación o delicadeza; con qué alegría y paz nos presentemos ante el niño en los buenos y malos momentos… Acompañarlos a dormir, estar a su lado haciendo una tarea, ofrecer un abrazo o un consejo, se convierte ahora en un acto sagrado.

La forma en que respondamos y estemos presentes en cada acto, desde grande a pequeño, serán las manos que amasen la arcilla y modelen su cuenco.

Tal vez no tengamos que hacer mucho; tal vez nos enseñaron al revés. Hacer y hacer, dar y dar, para qué, si lo importante es la esencia. Similar a cuando le regalas al niño un super-juguete, y a los minutos, luego de abrir el paquete, lo encuentras jugando con su envoltorio.

Lo que verdaderamente estas dando, es con lo que está recubierto lo que haces; en definitiva, es lo que eres.

Para poder otorgar algo que realmente sirva para el presente y el futuro, mira adentro, trabaja en ti mismo, recupera tu paz. Solo sabiendo a dónde está el camino, podemos indicar hacia dónde ir.

Autora: Nancy Erica Ortiz
Pedagoga Integral

Taller de Yoga y Meditación guiada para niñ@s y Adolescentes el 5 de Diciembre del 2015 en Barcelona

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Taller de Yoga y Meditación guiada para niñ@s y Adolescentes

Un taller destinado a niñ@s con edades comprendidas entre los 3 a los 12 años de edad. Con el uso exclusivo de su imaginación, los niños emprenderán un maravilloso viaje interior en el que aprenderán el poder de la relajación y de la creatividad, y en el que descubrirán un importante tesoro: ¡a ellos mismos!

Con la meditación, los niñ@s encuentran unos minutos para conectar con su corazón y escucharlo. Pueden encontrar respuestas a cuestiones que les preocupan, es una forma de equilibrar y manejar sus emociones.

Los niños que aprenden yoga a una edad temprana empiezan la vida de la forma más sana. Esto es especialmente importante en nuestro vertiginoso mundo. En principio, los niños pueden empezar la práctica a partir de los 3 años. Se considera yoga para niños hasta los 16 años.

Se debe tener en cuenta las necesidades de los niños de acuerdo a su edad, su desarrollo físico y mental, pero sobre todo crecer y aprender sin dejar de divertirse. Es por eso que los grupos se dividen por edades de acuerdo a su madurez y crecimiento físico y mental.

Los niños se sienten tranquilos y relajados, por lo que resultan muy positivas especialmente en aquellos casos de niños con hiperactividad o déficit de atención.

La actividad se realiza en sábado.

 Lugar: Barcelona (España)

Sala pendiente de confirmar.

Fechas : Sábado 5 de Diciembre del 2015

(estoy abierta a otras fechas….)

Horario dividido por edades:

10.30 a 11.30 horas . Grupo de 4 a 8 años

12.00 a 13.00 horas . Grupo de 9 a 12años

Grupo abierto adolescentes.

 La duración máxima es una 1 hora .

Está dividido por edades.

Asistir con ropa cómoda, una manta , cojín.

Grupos reducidos de hasta 8  niños. 

Si estás interesado escríbeme:  

elamordetualma@gmail.com

o

 r.delbarco@hotmail.com

Clases de Yoga, Meditación y mindfulness individuales a nivel niño y/o familia, una manera divertida de compartir una actividad con tu hijo !!!

Consúltame!!

Taller de Yoga y Meditación guiada para niñ@s y Adolescentes 21 de Noviembre en Mataró

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Taller de Meditación guiada para niñ@s y Adolescentes

Un taller destinado a niñ@s con edades comprendidas entre los 4 a los 12 años de edad. Con el uso exclusivo de su imaginación, los niños emprenderán un maravilloso viaje interior en el que aprenderán el poder de la relajación y de la creatividad, y en el que descubrirán un importante tesoro: ¡a ellos mismos!

Con la meditación, los niñ@s encuentran unos minutos para conectar con su corazón y escucharlo. Pueden encontrar respuestas a cuestiones que les preocupan, es una forma de equilibrar y manejar sus emociones.

Los niños se sienten tranquilos y relajados, por lo que resultan muy positivas especialmente en aquellos casos de niños con hiperactividad o déficit de atención.

La actividad se realiza en sábado.

 Lugar: Mataró (Barcelona)

Sala:  Kairós

Port de Mataró.

Fechas : Sábado 21 de Noviembre del 2016

Horario:    17.00 a 18.00 horas.

Grupo abierto adolescentes.

 La duración máxima es una 1 hora .

Está dividido por edades.

Asistir con ropa cómoda, una manta , cojín.

Grupos reducidos de hasta 8  niños.

Si estás interesado escríbeme:  

elamordetualma@gmail.com
o

 r.delbarco@hotmail.com

Clases de Yoga, Meditación y mindfulness individuales a nivel niño y/o familia, una manera divertida de compartir una actividad con tu hijo !!!

Consúltame!!

No evites el aburrimiento en los niños. Más que nunca, lo están necesitando

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Qué miedo se le tiene al tiempo libre de los niños. A menudo se piensa que esos espacios de libertad, de “inactividad” deben evitarse… Son vistos como posibilidades de conflicto o pérdida de tiempo… También se evitan porque los niños se ponen insistentes, reiterativos con pedidos casi obsesivos. En definitiva, nadie quiere tener un niño cerca, diciendo a cada segundo “me aburro…”.

Cada vez más, los pequeños, tienen menos tiempo libre. Han perdido el espacio de juego, el contacto con otros niños, el tiempo para estar con ellos. Todo se ha ocupado, con el objetivo de evadir la eminente crisis que puede ocasionar lo contrario.

En realidad, todos le tememos al aburrimiento, al silencio, a la nada, al tiempo sin actividad. Constantemente ocupamos dichos espacios con algo productivo, estimulante, divertido…

Hoy en día la Tv, juegos tecnológicos, celulares y sus derivados, copan el tiempo libre de grandes y chicos. También lo hacen las actividades recreativas o formativas, que se realizan de forma continua.

Pero, ¿sabes qué? Cuando ocupamos los espacios vacíos, no solo impedimos la insatisfacción de no saber qué hacer, sino también algo más importante. Nos evadimos, huimos de nosotros mismos; evitamos pensar, reflexionar, crear, idear, desafiarnos, esforzarnos, motivarnos.

Más que nunca, hoy, necesitamos del aburrimiento

Si el niño anda insatisfecho, desmotivado, apático; si deambula de aquí para allá, tocando todo sin compromiso con nada; si mira con ojos indiferentes, desentusiasmado, quejoso, descontento, ¡no lo evites! No califiques estos estados como negativos; no dejes que te abrumen. Este momento es un tesoro. Es una crisis, si, pero de la cual se puede salir, más bien, se debe salir con los propios medios.

No te preocupes, ni te interpongas proponiendo ideas. Tarde o temprano, este pequeño, saldrá de allí buscando algo que lo motive, y lo importante, lo hará autosuperándose. Creará algo por él mismo, con las herramientas disponibles del momento; lo hará creativamente. Si esto lo satisface, su motivación y autoestima crecerán exponencialmente.

Iniciativa, autosuperación, creatividad, automotivación y autoestima, afloran gracias a permitir el tiempo libre de los niños. Tal vez en un principio no sea sencillo, menos aun si no están acostumbrados a tales desafíos; pero es algo que vale el esfuerzo comenzar y sostener en el tiempo.

Si el niño sale por sus propios medios del aburrimiento, ganará en el camino muchas, pero muchas cualidades, necesarias para una sana infancia, y por supuesto, una adultez también.

En la actual sociedad, cargada de estímulos y estrés, necesitamos más que nunca de los tiempos libres de estructuras y control. Se necesita, justamente, lo opuesto, no tener nada que hacer.

Y si hablamos de sociedad y los adultos de esta época, coincidiremos en que un adulto creativo, lamentablemente, es la excepción. Admiramos a aquellas personas que han podido innovar, salirse de las reglas y crear las propias; pero si investigamos en su biografía, descubriremos que han jugado incansablemente; que han tenido tiempo para crear, probar, experimentar en soledad o en compañía. En otras palabras, han tenido tiempo de aburrimiento, que les permitió conocer y poner a prueba sus gustos, inclinaciones y deseos. Cuando ocurre lo contrario, cuando nos encontramos con personas que no pueden o no pudieron gestar sus propias ideas y proyectos, descubrimos que con frecuencia, de niños, han sido privados de dichas posibilidades.

No regales ni premies a tus hijos con cosas, y más de ellas… O bien, si eres maestro, no completes los espacios con tus propias conclusiones o con actividades puramente estructuradas. Permite el tiempo para pensar, crear, experimentar; no des respuestas, propón preguntas, dudas, y deja que salgan por sus propios medios de ellas.

El mejor regalo que les puedes hacer a los niños de hoy, es permitir su tiempo libre. Ayúdalos a sentir placer por estar con ellos mismos, por experimentar cosas nuevas, por poner en acción sus múltiples habilidades. Ayúdalos a mirar la vida con ojos valientes, renovados, desestructurados.

Se necesita más que nunca tiempo, no corras, no corramos; es aquí, en el momento presente. Ríete, tírate al piso a jugar; diviértete con el niño como si fueras uno más, ¡que nada reemplace este momento!

Es en lo minúsculo y pequeño, donde se encuentra lo más grande. Es ahí donde está gran parte del sentido de nuestra experiencia humana.

Autora: Nancy Erica Ortiz
Pedagoga Integral

La autoridad que se perdió, los niños de hoy la necesitan

limites claros

Hemos perdido la autoridad porque tenemos miedo a que nuestros hijos sufran, a coartarles la libertad, a equivocarnos, a ser autoritarios, a repetir modelos recibidos en la infancia, ¿miedo a ser padres? ¿miedo a ser adultos?
No sabemos cómo decir “no”, “espera”, “no se puede”. Sentimos culpa, dudas; pensamos y nos enredamos en ideas sobre la libertad, la posibilidad de que el niño pueda elegir, de considerarlo como un par, etc.

Bajo estos condicionamientos, el adulto no logra sostener una decisión, flaquea, titubea, deja que el niño decida o maneje las cosas según sus aparentes necesidades o gustos.

Lejos de hacerles un bien, de ser algo que favorece realmente su desarrollo y otorga mayor protección, quienes están a su cargo, le demuestran que no saben cómo guiarlo, contenerlo, sostenerlo, o tomar decisiones para su bienestar. A menudo, lo único que se genera como resultado, es un aumento en las reacciones de los niños. Buscando provocar una respuesta, sacudir a los padres, percibir un techo, los niños generan mayores situaciones conflictivas. En otras palabras, con su comportamiento, piden a gritos el límite, necesitan sentir que el afuera los contiene y les da seguridad.

¿Les evitamos el sufrimiento o les evitamos el crecimiento?

Muchas veces queremos que los niños nos hagan el camino fácil, que sean ellos los que nos digan y propongan los cambios que tenemos que iniciar y sostener con decisión, coraje y confianza. Al no tener una decisión firme, cuando ellos se resisten, muestran señales de dolor o angustia, el adulto flaquea y vuelve atrás el proceso.

Crecer duele. Cuando crecemos dejamos cosas, por supuesto, no podemos tenerlas todas. Si un niño comienza a caminar, los padres no lo cargaran tanto en sus brazos, pero a la vez este gozará de mayor libertad de movimiento. Si el niño deja la habitación de sus padres, pasa a su propio cuarto, dejará de estar acompañado durante las horas de sueño, pero ganará independencia, maduración y autoconfianza.

Siempre que dejamos algo por proceso natural, ganamos otras cosas, que no solo dejan disminuido lo que dejamos ir, sino que nos colocan en un lugar superior.

limites claros CONDUCTA POSITIVA

Los niños necesitan que el adulto recupere la figura de autoridad saludable. Esa autoridad que por amor dice “no”, “hasta acá”, “hoy no puedes”, “a partir de ahora ha cambiado esto”. Es una autoridad que ofrece seguridad, aunque no sea bien recibida en primera instancia. Es la que ayuda a crecer, empuja hacia la vida, permite la evolución. Es la que le confirma al niño que puede relajarse y confiar porque hay quienes saben cuidarlo y guiarlo.

La autoridad saludable no es autoritarismo, es una clara postura del adulto ante el niño. Una postura de cuidado, responsabilidad, confianza, claridad y amor.

Si le tememos a las decisiones, precisión, firmeza, no estamos ayudando a los niños a madurar, ni a afrontar las crisis, frustración o dolor que, por momentos, pueden ser parte de la vida.

Muchos, pero muchos padres, están padeciendo la educación de sus hijos, solo porque hacen lento el proceso que puede ser rápido y concreto. Y con ello también, enlentecen el desarrollo emocional del niño y debilitan su autoestima.

La educación es difícil cuando estamos errándole al blanco. Cuando sentimos que ser un poco antipáticos, cortantes y precisos, está mal. En todo caso sería así, si lo hacemos siempre, o bien, si no hay reflexión y conciencia en ello. Pero no es el caso, más bien es el opuesto. Los niños nos están pidiendo, por favor, que nos hagamos cargo de nuestro rol, que tomemos decisiones, que les marquemos las pautas, que les digamos que “no”.

Hay que enseñarle al niño vivir en una vida real, y para ello necesita registrar una sana autoridad. Si cree que siempre recibirá un “si” de todos y todo, cuando salga al mundo y se encuentre con la realidad, bajará los brazos ante la primera dificultad. En cambio, si sabe que afuera puede encontrarse con límites, tendrá la fortaleza y confianza para afrontarlos, respetarlos o superarlos.

Para soportar la aparente angustia de un niño, el adulto debe cambiar su propia relación con el dolor, así como también el concepto de protección; abrirse a la idea de que acompañar y permitir un llanto, frustración o resistencia también es amar y cuidar profundamente.

Autora: Nancy Erica Ortiz
Pedagoga Integral

El camino para llegar a un “niño difícil”

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Hay niños que nos hacen renegar, verdad? Son los que una y otra vez te enfrentan con la propia capacidad de tolerancia, flexibilidad, calma. Te ponen a prueba, en el límite entre el bien y el mal, y casi que pareciera que te empujan hacia el otro lado, donde la impaciencia, enojo, frustración están a la espera…

“Si tal niño no estaría en mi clase, sería todo tan armónico…” “Qué buen padre sería, si mi hijo se comunicara más conmigo…” “Cuánto más podría ayudar a este niño, si no se cerraría tanto en si mismo…”

Lo que sabemos solo se pone a prueba en los momentos de dificultad. Si todos los niños serían perfectos alumnos, agradecidos hijos, pacientes receptivos, todo sería más fácil, pero no podríamos comprobar nuestro conocimiento y capacidad de amar. En los momentos duros, arduos, tensos ahí se ve la profesionalidad, el conocimiento, la entrega. Aquí te encuentras ante la posibilidad de practicar lo que dices que sabes, o lo que piensas que eres.

¿Qué tal si dejamos de esperar que el niño cambie, y lo hacemos nosotros? Sería dejar de ver problema en él, y pasar a reconocer que aun no hemos encontrado la manera de acceder a su interior; que nos falta descubrir cómo, cuándo, de qué modo.

El niño no tiene por qué hacernos el camino fácil, él solo nos mostrará sinceramente lo que está transitando. Su profunda necesidad. Lo hará de la forma que pueda, con las herramientas que tenga. No es a él a quien hay que exigirle que cambie su recorrido, sino nosotros debemos encontrar el camino para llegar al lugar en donde está.

Acceder a través de la mirada

Los niños no son así porque quieren, son así porque es lo que pueden. Hay detrás de ellos, o dentro, una historia, una biografía; experiencias que los han marcado, necesidades no cubiertas, situaciones inconclusas, carencias, exceso de límites o falta total de ellos, entre otras variables… Sea grande o pequeño lo que les haya ocurrido, para ellos será siempre grande; causará dolor, enojo, decepción, desconfianza, que se expresará de algún modo.

Si cuando miramos a un niño a los ojos, no podemos abarcar todo lo que hay detrás, no lograremos llegar a donde está.

Lo primero es verlo, y cuando se lo ve, recorrer su historia en su mirada; traer a sus padres, a sus abuelos, a sus ancestros. Mirarlo, y pensar si recibió o no abrazos, si lo habrán valorado, apoyado. Volverlo a mirar, y verlo en su hogar, en su familia, en su barrio. Y no solo bastará con imaginarlo, debemos averiguar la verdadera historia de este niño, porque allí lo encontraremos a él, detenido, extendiéndonos la mano.

El poeta Henry Wadsworth Longfelow, nos hace pensar en esto en su siguiente verso: “Si pudiéramos leer la historia secreta de nuestros enemigos, encontraríamos en la vida de cada uno penas y sufrimientos suficientes para desarmar cualquier hostilidad.”

El niño que nos enfrenta nos están pidiendo este tipo de mirada. Una mirada que le ilumine el camino que transitó, con aceptación, reconocimiento y comprensión.

Los momentos de dificultad no son nuestros enemigos, son nuestros aliados, porque nos dan la posibilidad de ser mejores personas o padres, maestros más capaces, profesionales más sensibles y empáticos.

Si cuando lo miramos, realmente, vemos todo lo que este niño es, les puedo asegurar que ingresará a nuestra conciencia de otra manera. A partir de ese momento, todo podrá cambiar, principalmente cambiarás tu, y no por esfuerzo, estrategia o compromiso… sino por amor, amor a este bello y maravilloso ser que estas descubriendo.

La paciencia se duplicará, la capacidad de amor se hará exponencial, las ganas de abrazarlo, de que esté presente, de que sonría, de que te quiera, serán tu motivación.

No es nada difícil acceder a un niño “difícil”; y no es teoría, lo he comprobado con cada situación que se me presentó como un misterio cerrado, o una posibilidad abierta.

Una mano en su hombro, un gesto de comprensión a su historia personal, da permiso, lugar y reconocimiento. Cuando dejamos de rechazar, esconder o ignorar, abrimos con ello una nueva puerta.

No importa la edad que tenga, si tiene dos, catorce o dieciocho años. Todos llevamos una historia, la que sabemos y la que no, la que recordamos y la que quedó en el inconsciente. Y todos la representamos como podemos.

 

LLeva la historia del niño a tu altar interior. Mírala con devoción, ya no es tu problema, es el sentido de tu tarea, tu motivación, el combustible para ir por más. Lo que hoy te cuesta, mañana te hará un mejor ser humano.

Autora: Nancy Erica Ortiz
Pedagoga Integral

Hijo, lo siento, perdóname, gracias, te amo

sanacion junto a los hijos - la luz del alma

Solo viéndome en el otro completo la mirada de mí mismo. No puedo verme la espalda, ni siquiera el propio rostro, para esto preciso de algo que me refleje. Muchas veces, el otro hace de mi espejo perfecto, pues me muestra aquello que no puedo o no quiero ver.

 

Si queremos conocer aquellas facetas que están en nuestro interior, y operan silenciosamente en nuestros actos, entonces habrá que percibir cómo está mi alrededor. Si eres padre, por ejemplo, en la relación con tu hijo, en su carácter, sus cualidades, aquellas que amas y admiras, y aquellas que intentas cambiar y que, incluso, te avergüenzan, en todo estás reflejado. Todo habla de lo que eres. Por eso duele, por eso no queremos ser responsables de ello. A menudo abusamos de nuestro poder, culpando a los niños por sus acciones, en vez de animarnos a reconocer que aquello que veo también habla de mi.

 

Si quieres que algo afuera cambie, si quieres realmente ayudar a tu hijo a salir de alguna situación, mi consejo es “deja que te duela, ese dolor es la fuerza de tu sanación. Sin culpa, solo con responsabilidad, reconoce que ahí, en lo que ves, estás tú. Eres capaz de salir de ello, así que ingresa y transfórmalo.”

Arrastramos dolor que cargan nuestros hijos; y ellos, seres puros si los hay, están ahí con su total inocencia invitándonos a sanar. Si limpiamos la memoria emocional y la dejamos ir, ellos se liberarán también y volverán a estar nuevamente en armonía.

 

Amado hijo, que eres quien soy yo:

lo siento, perdóname, gracias, te amo

 

No eres un mal padre por ver a tu hijo atravesando un problema, una situación compleja o difícil de resolver.  Probablemente también tú has estado repitiendo algo aprendido alguna vez. Así como los niños reciben todo lo que somos, nosotros lo hemos hecho con nuestros padres, y ellos con los suyos, y así sucesivamente. Quién sabe hace cuánto se viene repitiendo un mismo patrón pero con distintas personas participando en él.

 

Sencillamente la invitación es aplicar una vieja técnica de sanación hawaniana, “Ho’oponopono”, que es altamente efectiva por operar desde el amor y la aceptación, hasta llegar al subconsciente, zona donde residen las memorias que pueden estar obstaculizando un desarrollo saludable de la vida.

Ho’oponopono significa: corregir o enmendar un error. Es un método antiguo que afloró gracias al trabajo del Dr. Len que lo utilizó para sanar personas, memorias y situaciones de una manera asombrosa.

 

Todos nuestros pensamientos, emociones, palabras, acciones y hechos pasados y presentes forman parte de nuestra memoria consciente e inconsciente, y comandan nuestra vida.

 

Estamos generando constantemente situaciones que representan nuestros aspectos escondidos, o aquellos que están a la vista.

 

Por eso, en primera medida, esta técnica nos ayuda a ver que somos responsables de todo lo que sucede a nuestro alrededor, porque de alguna manera estamos participando de ello.

 

Reconoce primero que lo que ves es parte de tu información, de tu memoria también. Es tu creación. Y, en vez de rechazarlo o sentirte víctima de ello, sácalo de la sombra e intégralo a ti.

Las palabras clave del Ho’oponopono son

“lo siento, perdóname, gracias, te amo”.

 

Observa o recuerda aquella situación difícil, por ejemplo, el comportamiento agresivo de un hijo, la falta de atención e interés permanente, la ansiedad o angustia, la irritabilidad, incluso, una enfermedad. Puedes hacerlo también con algún alumno, familiar o paciente.

 

Trae la acción o situación a tu conciencia. Sin interpretar ni juzgar, reconoce, que aunque no entiendas cómo o por qué, eso está hablando de ti. Compartes con ese niño una misma información; él solo está mostrándote algo, dándote la posibilidad de sanarlos a los dos.

Mientras lo miras, di:

“Lo siento, perdóname, gracias, te amo”.

 

Estas diciendo primero “Lo Siento” y “Perdóname” porque reconoces  que algo, sin que necesariamente sepas qué es, está en ti y ha creado y contribuido a que se plasme en la vida del niño.

 

Después dices: “Gracias” y “Te amo”, por darte la oportunidad de liberarte de ello, de sanarte. No lo rechazas, le agradeces y le dices luego que lo amas porque ha estado en ti, y es parte tuya también.

 

“Amado hijo, que eres quien soy yo:

lo siento, perdóname, gracias, te amo”

 

Puedes utilizar estas frases en cualquier momento del día, incluso, mientras haces otra cosa. Es importante que lo hagas de forma constante, para llegar aquel lugar que nunca llegas.

 

No hay que convencer a nadie de que debe ser distinto, no hay que luchar con los procesos de las otras personas. La responsabilidad de la transformación y liberación está en nosotros, en ese lugar en el que tú y el otro son iguales, o poseen la misma memoria.

 

El niño solo te muestra que hay cosas que aún no has dejado ir, que permanecen en ti y que están educándolo, consciente o inconscientemente.

 

Dile “lo siento, perdóname, gracias, te amo por darme la oportunidad de sanarme y por dejarte libre de ello”.

 

Autora: Nancy Erica Ortiz
Pedagoga Integral